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08 Abr, 2019

Entre las piedras, una flor

5 min

Noor D Varjabedian

Falls Church, VA, E.E.U.U.

Con diez minutos para la medianoche, grandes copos de nieve esponjosos comenzaron a caer del cielo. Todos miramos hacia arriba sonriendo, con la boca abierta disfrutando del momento mágico no pude evitar sonreír. Parecía ser perfecto. Acá, estaba en Yerevan en el día de Año Nuevo con amigos que hice de todo el mundo. El reloj marcó las 12 y todos empezamos a gritar, felicitarnos unos a otros, besarnos e intercambiando abrazos, y se hizo estallar burbujeante armenio barato. El día de Año Nuevo me hizo dar cuenta que pasé la mitad del 2018 en Armenia. Qué rápido pasó el tiempo sin haberme dado cuenta.

De mi grupo de orientación, cuatro de nosotros eligieron pasar sus meses de verano en Gyumri, la segunda ciudad más grande de Armenia. Naturalmente, cuando caes en algo nuevo, hacer caer a las personas contigo: dos de Los Ángeles, una de Moscú, más yo de DC. Decidimos almorzar juntos en Ponchik Monchik en nuestro segundo día en la nueva ciudad. Cuando recién llegué a Armenia mis habilidades de lenguaje no eran suficientes para mantener una conversación de ida vuelta con un no hablante de inglés. Habiendo dicho esto, fue un poco vergonzoso almorzar con hablantes fluidos de armenio, ya que deseaba poder hablar con tanta facilidad nuestra lengua materna. Luego de finalizar nuestros cafés y ponchiks, decidí que era bueno para mí practicar mi armenio con nuestra moza. Amablemente, le pregunté, “¿hashishe ge perek?” Ella me miró con ojos grandes y con confusión. Mis nuevos amigos empezaron a reírse y ahí es cuando me dí cuenta que estaba usando una palabra por error. “Hashish” es una droga hecha de la planta de cannabis. Lo que quería decir era “hashiv” que se traduce a “cheque” o “cuenta”. Y así es como nunca me voy a olvidar de decir la cuenta.

Un día descubrí dos pequeños gatos que viven afuera de mi casa. Uno tenía manchas negras y blancas, mientras que su hermano tenía rayas marrones. Generalmente los miraba porque eran las cosas chiquitas más lindas, y no podía evitar enamorarme. Rápidamente, me di cuenta que el de rayas marrones había perdido un ojo, lo adiviné por un par de lesiones, quizás la explicación por qué no reaccionó rápidaente cuando me acerqué a ellos. Le conté a mi madre anfitriona sobre los gatitos, ya que sabía que ella cuidaba animales como yo lo hacía. Una mañana cuando salía por la puerta, le expliqué que quería comprarle comida para ellos. Bajé los primeros escalones, aun en conversación con mi madre anfitriona cuando vi el gatito chiquito marrón arriba del segundo piso. Me emocioné, pero luego me di cuenta del estado en el que me encontraba. Mi expresión facial rápidamente cambió y mi madre anfitriona bajó rápidamente para ver al gatito marrón sobre el cemento frío, rodeado de salpicaduras de rojo oscuro de su propia sangre. Ambas soltamos un grito ahogado. Ella me dijo que vaya a trabajar sio iba a llegar tarde. En el viaje en mashutka a mi trabajo, sentí que estaba aturdida. Lo que le había pasado al gatito no tenía sentido. Incluso teniendo un ojo, los gatos son muy rápidos en sus pies y encuentro imposible de creer que se haya caído de las escaleras. Las salpicaduras demostraron que pasó con fuerza,definitivamente no por culpa de un perro del barrio. Llegué a la depresiva conclusión que un humano había realizado este acto, así como no lo quería aceptar. Las personas pueden ser crueles, y generalmente no saben como tratar a otros que son diferentes a ellos mismos. Luego de mi día laboral, me dirigí a casa y encontré que el pequeño gatito había sido removido y las salpicaduras de sangre habían sido limpiadas. Subí rápido las escaleras, notando una mancha roja en el cemento que debió pasar desapercibida por quien se encargó de limpiar el desorden. Mi madre anfitriona me estaba esperando. Empezamos a conversar y ella me dijo, “vos sabes, una vez que ocurre algo malo, dos más vienen luego.” Los armenios tienen muchos dichos como este, siendo fácil dejarlos a un lado. Este momento, era una prueba que era real. Pero es suficientemente triste para una historia.,

Siempre supe sobre el Monte Ararat. Un símbolo nacional, donde el arca de Noah supuestamente aterrizó, y la montaña que mi padre escaló en 1987. Los días que ves la montaña con tus propios ojos son días felices. Tuve este sueño que lo iba a escalar un día, desde que mi padre me dijo. Hasta ahora, la admiro desde lejos y me ocupo de mí, con las pequeñas caminatas del día. Planeando estas caminatas eran perfectas cuando vivía en Gyumri ya que no siempre había grandes actividades para ir. El Monte Arakats es la montaña que claramente podes ver desde Gyumri. Cubierto de nieve, cuatro picos, y con la cumbre más alta de Armenia, fue la aventura perfecta para un día libre. El viento frío nos sorprendió a nuestra llegada pero estábamos ansiosos por comenzar nuestra caminata. Después de lavar nuestros tomates, pepinos y uvas en el agua del lago, empezamos a escalar. Tomando nuestro tiempo con la pendiente, disfrutamos de nuestra vista de vastos parches verdes y fondos montañosos. Lo divertido de escalar una montaña es que la cima siempre parece estar más cerca de lo que actualmente está. No estoy segura si es el hecho de que arrancamos la aventura tarde, y por el tiempo que estábamos escalando, otros escaladores estaban bajando, o si solamente estábamos fatigados pero nos decidimos por la idea de que no era necesario llegar a la cima. La vista a través de toda la caminata fue más o menos la misma, ¿qué era lo que iba a cambiar al llegar a la cima? Fue una buena decisión, porque lo que vimos del otro lado de la montaña fue completamente inesperado; esto es lo que hizo que el resto de la caminata sobre terreno rocoso hast a la cima valiera la pena; vetas de marrones oscuros y brillosos, parches de nieve blanca y fresca, una neblina de nubes volando arriba, y en la parte inferior de la carretera pequeña motas: excursionistas que se abren camino. Son momentos que hacen darse cuenta a uno cuán valiosos son en este mundo. También son momentos para mí que me hacen dar cuenta que Armenia siempre me va a dejar sin aliento.

Las mujeres son increíbles, siempre fue un hecho. Vivir en Armenia solamente confirmó el hecho. Desde mis primeros días en Gyumri, me dí cuenta que varias mujeres trabajan en múltiples trabajos para proveerles a ellas o a sus familias, hasta mis últimas semanas en el pueblo de Verin Bazmaberd donde las mujeres se aseguraban que había siempre comida en la mesa, estoy constantemente impresionada. Birthright te da la opción de quedarte con una familia en el pueblo por una semana. No muchos voluntarios sacan ventaja de esta oportunidad, pero así es como me quedé con Nelly, una extraordinaria mujer. La conocí una vez antes, en mi primera excursión con Birthright. Ella hospedó voluntarios para un gran “kef” donde estaba lleno de comida para todos nosotros para comer. Ocho meses y medio después, la vi de nuevo y me contó que el “kef” le llevó tres enteros días prepararlo. Días como estos ella tiene a su vecina amiga Lusine que viene y la ayuda, pero en cualquier día regular ella trabaja sola. Las cosas que imaginas sobre un estereotipo de pueblo, actualmente son verdad. Ganado: vacas, pollos, ovejas y corderos. En los meses más cálidos, un jardín y árboles frutales para cuidar. No hay estufa de gas o sistema de calefacción de gas en los meses de frío.

Todo es casero, desde el queso hasta el pan, hasta las conservas de verdura y mermeladas. Y sí, haces caca en una letrina. Todas estas cosas requieren enorme cantidad de trabajo. Nelly está casada y tiene dos hijos, pero es inaceptable para ellos ayudar con su trabajo de casa, simplemente porque son hombres. En los días que me quedé con ella, me dí cuenta que ella siempre estaba parada, atendiendo animales, preparando la cena, lavando los platos o planchando la ropa de todos. Intenté ayudarla lo máximo que pude, pero a veces solo necesitaba sentarme y mirar con asombro.

Cada día en Armenia me trajo sorpresas inesperadas. Para uno nuevo, a veces puede ser estresante. Las mashutkas llenas, la no existencia del concepto de líneas y espacio personal, o ciertas cosas simplemente que no marchen como lo planeaste. Para mí, esto es difícil. Soy una gran planeadora. Soy el tipo de persona que le gusta mirar el calendario y planificar las semanas por adelantado. En Armenia, aprendí que los planes de último minuto son la forma. De a poco, aprendes que planificar viajes por el país un día antes va a ser suficiente, y francamente, es lo que más se usa. Parece que lo único que la gente planea es llegar tarde. Creo que esta mentalidad de “no planificar” de a poco empezó a ser parte de mí. Mi plan original era quedarme en Armenia seis meses, volver a E.E.U.U. y encontrar trabajo. Mes a mes fue obvio que los seis meses iban a ser extendidos. Sin comprar pasaje de regreso, me fue fácil “ir con la corriente” y aprovechar las oportunidades que se abrieron para mí en Armenia. Estoy por completar mi primer mes en mi nuevo trabajo, algo qeubno había esperado nunca cuando recién llegué. Luego de darme cuenta qué es lo que la gente comúnmente piensa es una forma de vida descabellada que puede convertirse fácilmente en realidad, tomo las cosas como vienen.

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