Constanza Gigena
Córdoba, Argentina
Cuando me contaron la posibilidad de hacer voluntariado en Gyumri, acepté sin pensarlo. Solo había escuchado un poco sobre ella, solo que era la segunda ciudad del país (¡como la mía!) y las personas eran muy amigables y divertidas. Las información linda me hizo querer verlo por mí misma.
Primera vez en Armenia, sin poder decir más que un par de palabras y sin entender nada cuando ellos me hablan en armenio, un par de horas de estar en Ereván, llegué a Gyumri, donde la familia que me iba a hospedar me estaba esperando con dolma. Una forma excelente y rica de empezar mi viaje.
Con Birthright, la agenda estaba apretada: 6 horas de trabajo como voluntaria (en mi caso, dividido en tres trabajos), clases de armenio dos veces a la semana, havas y forums (encuentros semanales para aprender y compartir sobre la cultura armenia, su historia, la situación política, etc.); y las excursiones los fines de semana. Este plus a las otras cosas que encontramos para hacer con otros voluntarios cuando nos juntamos, y una de las cosas que más me gustó: pasar tiempo con mi familia anfitriona, donde una hermana de 4 años me esperaba para jugar, al hermoso bebé de cuatro meses que le gustaba mis canciones de niños en español, mis jóvenes “padre y madre anfitriones” (ambos más jóvenes que yo) siempre deseaban chatear y tomar té conmigo y mi abuelo anfitrión siempre estaba preocupado si estaba teniendo un buen tiempo.
Volviendo a las cosas de la ciudad, una de las cosas que pienso es una ventaja es el hecho que su tamaño pequeño promueve las juntadas: a la ida a la oficina, al almuerzo o cuando volves a 58 (el barrio donde la mayoría de los voluntarios viven), uno suele encontrarse con varios ambiguos, intercambiar un par de palabras, ir a algún lugar juntos o simplemente decir hola y seguir el camino.
Durante el tiempo que pasé acá, quiero destacar algunos puntos de mi experiencia en Gyumri y compartir algunas cosas que aprendí.
Instrucción nro. 1: cómo comprar un shampoo
Recién había llegado una noche y a la siguiente mañana, volviendo a mi casa luego de una actividad, fui a una tienda chica para comprar shampoo, acondicionador, y algunas otras cosas. Parecía fácil, pero no, las marcas de los productos estaban en ruso, no en armenio, y no sabía cuál de ellos estaba buscando. Entonces para no terminar comprando una crema, una sopa o cualquier cosa que no necesitaba, pregunté a una mujer que trabajaba allí si podía ayudarme, y dos de ellos se acercaron. Encontramos el shampoo, pero el acondicionador faltaba y con mi ignorancia del idioma no nos estábamos entendiendo una a la otra, hasta que en un bueno dije “Bueno”, y sorprendentemente, ellos me preguntaron si yo hablaba español. Ellos me contaron que su abuela estaba en Sevilla, y una de ellas inmediatamente la llamó en su celular y me lo dio. Luego, hablé con la mujer y ella, desde el celular, tradujo todo en dos lenguas, así ellas sabían qué ofrecerme y yo sabía qué comprar. Con el tiempo, y otros comercios, y sin “el comodín de la llamada”, siempre conocí personas amigables tratando de ayudar a entenderme. En este sentido, realmente me gustó cuando llegaba el momento de comprar algo, porque, además de conocer personas, era una forma buena de practicar la lengua que estaba aprendiendo.
Instrucción nro. 2: Claves para viajar el Marshutka
Las marshutkas son el transporte público más común. Llamado con una palabra rusa, es un tráfico que tiene una ruta desde la mañana hasta aproximadamente las 20:30. También hay algunos ómnibuses más grandes, pero son menos y son menos frecuentes. Algunas de las cosas que aprendí yendo en marshutka todos los días fue: 1) pagás 100 trams, antes de bajar y no cuando subís; 2) los asientos son compartidos, si estás parado es muy común que ellos te hagan un espacio pequeño en su asiento y te inviten a sentarte con ellos, gritándole “nestik”; 3) quien está sentado, lleva la billetera o la mochila a la persona que está parado; 4) Está mal visto sentarse en el suelo, así que aunque uno esté cansado es mejor quedarse de pie con el cuello doblado porque la altura del techo no permite estirarse; 5) No importa qué tanto practciaste los cinco días, nunca me acuerdo cómo decir que es mi parada cuando el tiempo llega; 6) No se supone que debes hablar mucho, y si lo haces, ebes hacerlo en voz baja… a menos que quieras provocar que el conductor suba el volumen de la música y un pasajero empieza a quejarse sobre ambos ruidos; 7) los asientos del frente al lado del conductor siempre son usados por hombres, aunque en lso últimos meses varias voluntarias mujeres propusieron desafiar esa regla no escrita, haciendo un viaje en ese lugar que se vuelva casi “una cosa para hacer antes de irse de Gyumri”.
Instrucción nro. 3: cómo beber menos que tres cafés por día: “el desafío “chem uzum”
Los armenios preparan un café delicioso y toman varias veces en el día. Al momento del desayuno, cuando empieza el viaje laboral, luego del almuerzo, cuando se encuentran, cuando visitan a alguien, o cuando sea. En este sentido, encontré un parecido con el mate argentino: detrás de tomarlo, tiene un componente social: toma un par de minutos compartir un vaso y compartir algo de tiempo.
Pero acá el café también viene con chocolates, frutas u otras cosas para comer, y para mí, como soy más tomadora de mate y solo me gusta el café en días fríos, para las primeras semanas me sentí que estaba tomando mucha cafeína. Hablando sobre ello con un amigo, intercambiamos algunos sentimientos y me hizo ver algo que no había pensado antes: a veces, es mejor aceptar el café y tomar solo unos chocolates, antes que decir no y tomar el café de todas formas y mucha más comida que uno puede comer. Otro amigo me comentó que su hermana lo llamó a él “el “chem uzum” (en armenio: no quiero) comida”, y es como pensar sobre ello como “el desafío chem uzum”, que es explicar que sin querer comer o tomar más, muchas veces antes de ver que terminamos una taza de café en una mano y algo de comer en la otra, agradecer a la persona que sonriendo nos invitó.
Instrucciones finales
Hasta acá, resumí solo algunas partes de lo que para mí fue la increíble experiencia diaria de vivir en Gyumri. Ciertamente, la única instrucción que puedo dar es que no debería haber ninguna instrucción. La ciudad está ahí, y las personas están muy predispuestas si uno se acerca con el corazón abierto. Para aquellos que están pensando en ir, mi única recomendación puede ser disfrutar todo lo que puedas, dedicarse al trabajo, tomarse el tiempo de saber las calles y los rincones chicos de la ciudad, además de conocer a sus personas y compartir momentos con ellos, lo cual también puede ser una forma de conocerse a uno mismo.