Gayané Naroyan
Lugano, Suiza
Esta no es mi primera vez en Armenia, y capaz incluso tampoco es la visita más especial que tuve. Visité Armenia por primera vez cuando tenía 9 años. Fue un viaje muy particular, porque también era la primera vez para mi padre (nacido en Armenia y cedido en Turquía). Luego, vine otras dos veces durante las vacaciones del verano para visitar a mis parientes en el pueblo chico donde viven. Finalmente, vine en abril de 2015, con mi hermana, mi hermano, algunos de mis tíos y primos de Suiza y obviamente mi padre, para conmemorar el 100 aniversario del genocidio. Tengo unos recuerdos hermosos conectados con mis previas visitas a Armenia. La vida en este pueblo, enocntrarme con una enorme cantidad de parientes, comer un montón, visitar Ereván y sus museos, y el concierto de System of a Down el 23 de abril.
No me tomó mucho tiempo decidir aplicar por Birthright, porque sabía que me iba a quedar en un país que ya era familiar para mí. Sin embargo, cuando llegué, me dpi cuenta que iba a ser muy diferente de las otras visitas. Una vez ahí, descubrí cómo mis relaciones con Armenia estaban mediadas por personas que estaban en el viaje conmigo, especialmente, por mi padre, ya que, a diferencia de él, puede hablar armenio. Estaba acá, caminando las calles de Ereván, pero sintiéndome desorientada. Pasé por una gran cantidad de lugares que podía reconocer, Plaza de la República, el Ópera, Cascade… pero era imposible conectarlos y ubicarlos en un mapa. Me dí cuenta que nunca intente recordar las calles de Ereván y desarrollar un sentido de orientación en la ciudad, porque siempre había alguien más para seguir, alguien que conocía la ciudad mejor que yo y que sabía a dónde íbamos. Lo mismo fue para el contacto con los locales. Aparte de las relaciones con mis parientes, que siempre fueron espontáneas incluso con la barrera del idioma, alguien más siempre hablaba en mi lugar con los conductores de taxis, vendedores, mozos o simplemente personas en las calles para conversar.
Llegando acá en Armenia fue, al principio, desestabilizante. Estaba sin mi punto de referencia que me ayudaba a interactuar con Armenia y armenios. Pero los días pasaron muy rápido y empecé a trabajar, a tener mis clases de armenio y a caminar en la ciudad por mí sola. Y de repente, empecé a sentir un nuevo sentimiento de familiaridad con Armenia. Pude orientarme en las calles y tomar transporte público, y mi armenio empezó a permitirme pedir en restaurantes, interactuar con conductores de taxis, preguntar por información y organizar excursiones por mi cuenta. Todo eso me dio la oportunidad de empezar una nueva relación con Armenia, una relación más profunda, en donde soy parte activa y no hay mediación.
Para mí, como medio armenio, Armenia siempre fue algo muy relacionado con mi padre y con el lado de la familia de mi padre. Participar en Birthright y vivir en Ereván no como turista, me dio la oportunidad de sentir que Armenia no solo está relacionada con mi parte armenia de la familia, sino directamente conmigo. El regalo más preciado que tuve de este viaje y de mi experiencia con Birthright Armenia es el descubrimiento de MI Armenia, un lugar que aprendí a conocer directamente desde mis experiencias y un país con el que estoy comprometida directamente, sin necesidad de ninguna intermediación.