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Martin Analian
Argentina participant
19 Jul, 2022

Vivir en Gyumrí, amar Gyumrí

8 min

En estas primeras semanas viví todo tipo de experiencias. Primeros días en Gyumrí: primavera, una ciudad floreciente -dzaghgatz im Gyumrí-, una ciudad viva en todo sentido. A medida que la primavera avanza, cada vez más árboles se abren en flor, destilan sus perfumes que inundan las antiguas callecitas, pasajes y senderos. A medida que la primavera avanza, el mercado se llena de colores, de vida, de frutas de estación y, nuevamente, repleto de aromas de damascos, frutillas, cerezas y café recién molido (como no puede faltar en cualquier lugar de Armenia).

Lo particular de esta ciudad también, es que, además de sus hermosos jardines floreados con rosas y tulipanes, las calles están repletas de árboles frutales, en cada cantero y en cada espacio libre, las flores y matas silvestres rebosan de frescura, de los nuevos calores, de las lluvias estivales, de la vida que cada año se renueva. Gyumrí es sin duda una ciudad fascinante: teatro, música, baile, comidas, historia y arquitectura, ningún viaje a Armenia se completa sin visitar Gyumrí, donde el sentimiento y la esencia de armenidad se sienten al rojo vivo. Otra de las delicias de Gyumrí es su agua pura de las montañas. En cualquier calle uno encuentra fuentes donde puede beber y saciarse de agua limpia y helada, incluso en verano.

Claro que el agua será abundante en esta región húmeda y montañosa, con nieve en invierno y lluvias en verano. Basta con tomar un bus, un taxi o caminar un poco para encontrarse en alguno de los pueblos de los alrededores. Vahramashen, Krashen, Marmashen, Voghji, Meghrashat, Maisián, Artik, Amasia y decenas de otros pueblos forman la periferia de la ciudad más importante del norte de Armenia. La mayoría se encuentra en lugares más altos, más fríos en inviernos, más frescos en verano, donde, literalmente, el agua brota directo de los manantiales. Apenas uno se aleja empiezan a verse lo sembradíos de cebolla, papa y trigo y las verdes montañas que rodean el valle, como alfombras plegadas sobre el horizonte. A lo lejos, hacia el sureste, el monte Arakats (pico más alto de Armenia), todavía con nieve y hielo. Amapolas orientales (garmir gagachner) dominan el paisaje, en momentos en los que solo se divisa un mar de rojo y violeta.

Lo que más rescato de Gyumrí es la hospitalidad y la excelente disposición de las personas, de ayudarte, de recibirte, de interesarse por tu vida. Las personas de Gyumrí y de la provincia de Shirak tienen una calidez particular. De un momento a otro, cuando se enteran de que uno es armenio (o de que no lo es, pero tiene la intención de habitar este hermoso país y de conocer su cultura e idioma), es muy probable que termine en sus hogares, bebiendo café, compartiendo dulces caseros y charlando de la vida. La hospitalidad, el interés desinteresado y el sentimiento de hermandad hacen que esta ciudad sea como una gran familia. La confianza y el amor son moneda común en esta región donde la vida y el sentimiento de armenidad prosperan.

Mi experiencia con mi familia adoptiva fue excelente, llegaron a considerarme un “paregam” (amigo de la familia y familiar al mismo tiempo, como esos tíos o sobrinos sin vínculo de sangre). Pude compartir tiempo con mi hermana y hermano, y más que todo, con mi madre, Nelly, con quien pasamos largas horas charlando sobre cualquier cosa: la vida de acá y la de allá, la historia de cada uno, de nuestras familias, qué nos une y qué nos diferencia. Nelly sabe recibir muy bien a los voluntarios; ella me ayudó a mejorar mi idioma armenio, tratando siempre de que hable con las palabras correctas y, cuando había algo que no entendía, me ayudaba con palabras en ruso, con mímica, con explicaciones simples hasta que pudiera comprender el nuevo vocablo.

El universo de Birthright Armenia te abre las puertas para insertarte en la vida de Armenia. Te permite trabajar en lugares donde se valoran tus conocimientos y habilidades, te permite crear vínculos profesionales y afectivos, te da la oportunidad de conocer diferentes lugares de Armenia para que puedas elegir tus favoritos, te da la oportunidad de adquirir (o mejorar) tu conocimiento del idioma armenio. Esta no es una impresión turística, es la impresión de alguien que tuvo el privilegio de vivir en Gyumrí por unos meses. La posibilidad que Birthright Armenia les da a los jóvenes armenios de todo el mundo es invaluable. El hecho de poder vivir en familia, insertarse en el mercado laboral, conocer el día a día de la ciudad, es algo que no puede alcanzarse con una visita turística.

Mis trabajos de voluntario me llevaron a conocer gente de diversos entornos, con ideas y experiencias variadas. Desde artistas, gerentes, hasta trabajadores de los rubros de la gastronomía, hotelería, agricultura, informática, educación, fabricación de productos lácteos. Uno puede acceder a conocimientos de todo tipo: música y danzas típicas, comidas, artesanías, fabricación de alfombras y tapices y hasta producción de miel y cuidado de enjambres. Estos ejemplos no son para nada exhaustivos.

Uno de mis trabajos era ayudar en una fábrica de queso, emprendimiento familiar. Dos días a la semana, a la mañana bien temprano, tomaba un minibus de 40 min hasta Meghrashat, pueblo que queda al noroeste de Gyumrí, sobre la frontera con Turquía, donde Armineh, Aida y Artak me recibían para sumarme al trabajo diario. Calentar la leche, descremar la leche fresca (separar la grasa para luego hacer manteca), pequeña pausa para tomar un cafecito, seguir descremando y luego calentar la leche para la fabricación del queso tradicional de la región de Shirak “chechil banir” (queso en hebras). “Haireniket kez bid chi morana” (tu patria no te olvidará) me decía la abuela Aida, agradeciéndome la ayuda que les prestaba. Aprendí miles de cosas con ellos, desde el trabajo lácteo hasta botánica y gastronomía de la zona. Cada día se trataba de un desafío diferente, hasta el día en que logré fabricar el queso por mi cuenta. Sin embargo, el máximo logro era el poder darle una mano a Aida, la abuela, que trabaja sin descanso para ayudar a sus hijos y nietos; de esas abuelas incansables que no se detienen ni un minuto y se preocupan por el cansancio de los demás, no por el suyo. Nunca había visto tanta entrega y austeridad conviviendo juntas.

Participar en Birthright Armenia es una experiencia invaluable, más allá de visitar Armenia y conocer sus rincones, tener la oportunidad de vincularte con las personas y reconocer a tus hermanos y hermanas es el mejor premio y el mejor aporte.

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