Sarah A Stites,
Reston, VA, E.E.U.U.
Les voy a dar el beneficio de la duda y decir - probablemente no haya tantos turistas que pasen por la pequeña Keti. Aún así, las miradas eran desconcertantes. Mientras abría la caja de bebidas en la tienda pequeña de alimentos del pueblo, podía sentir los ojos de los otros clientes mirándome desde el gorro de béisbol rojo hasta las piernas polvorientas y quemadas por el sol. Estaba a ⅔ el camino de mi primera y tan esperada caminata en solitario, y en este momento había aprendido varias cosas sobre la cultura armenia. 1) Las mujeres no caminan solas. 2) Caminar sin destino fijo (fuera de una ciudad) es un concepto peculiar. Decir que vas a ir a un “hike” es confuso, ya que Armenia también se llama “Hayk”. 3) La gente es persistente. 4) Mirar es descarado.
Sin embargo, también recordé el inmenso esplendor natural del país. Mientras caminaba las 12 millas de ida y vuelta, me llamó la atención la belleza bucólica de los pueblos y el pastoreo del ganado.
Cuando llegué a la base de los picos, los campos de flores silvestres multicolores simplemente me dejaron sin aliento (todos los colores del arcoíris estaban bien representados). La flora era fascinante y disfruté inmensamente de la gama de delicias sensoriales, desde captar la fragancia de las plantas en la brisa hasta sentir sus pétalos, tallos y cerdas y examinar sus complejidades de cerca.
Efectivamente, toda la semana me pareció más colorida y sensorialmente estimulante que de costumbre (el arcoíris de la semana pasada debió de ser portentoso). Tuve el privilegio de ver cómo se preparaba el lavash armenio y olí los deliciosos aromas de la canela y el guiso de azúcar durante tres días mientras Armine preparaba mi postre favorito de nueces en conserva: iynkues moraba. También ayudé a preparar compota de durazno y grosellas negras, una popular bebida armenia que conserva la generosidad del verano en un jugo que se guarda para los fríos meses de invierno.
Hablando de estos temas, sigo encontrando difícil creer que parte de mi trabajo en Herbs & Honey está probando y tomando bonitas fotografías de comidas y bebidas, y acompañándolas con subtítulos en las redes sociales.
Además de las fotografías de la comida, la preparación es la mitad de la diversión. El miércoles de tarde, me uní a la festividad de la preparación del dolma, repleto de baile y canto. Los veinte de Birthright de Gyumri nos juntamos a hacer cubas colmadas de repollo relleno y hojas de parra, bajo las instrucciones de una de las madres anfitrionas.
Fue una fiesta armenia en su máxima expresión, que duró hasta bien entrada la noche. Después de la comida, me di la tarea de preparar café para los invitados, asegurándome que las pequeñas ollas de jezve no se desbordaran. Me estoy volviendo una profesional en la captura del surch mientras comienza a burbujear, la cual es la forma armenia apropiada.
Al día siguiente, un contingente de clérigos católicos del Líbano y Australia visitaron a Emili Aregak. Mikael, el panadero residente de nuestro centro, se entusiasmó al preparar su famoso pan dulce como un pequeño refrigerio para los invitados. Ellos eran muy divertidos para comerlo.
Nicole y yo, mi colega de Peace Corps, nos sentimos honradas de estar incluidas cuando el clérigo expresó su apreciación profunda por el trabajo del Centro. Debería decir, se siente increíble contribuir a esta causa hermosa; simultáneamente, deseo el día cuando la gente armenia se vuelva más autosuficiente, y la ayuda externa no sea tan necesaria para apoyar el trabajo de organizaciones como Aregak. Creo que ese día está viniendo, y luego de la reciente Revolución de Terciopelo, pienso que el pueblo armenio también.
En la misma nota, no pude evitar la sensación de incomodidad que tuve mientras trabajaba para pintar las paredes de la cocina de una escuela de un pequeño pueblo. Después de todo, Armenia es un país donde mucha gente está sin empleo. Pero además de mis preocupaciones sobre nuestra provisión de tal ayuda, mi cohorte y yo nos divertimos mucho agregando color y tema a las paredes blancas que habíamos pintado un par de semanas antes.
Mientras tanto, un artista había esbozado un mural con el tema de la comida en las paredes. Este viernes pasado, disfrutamos haciéndolos cobrar vida. Le di vida a una tarta, una mermelada y una pizza. Naturalmente, la música y el baile acompañaron estos esfuerzos.
Como un final apropaido a esta semana de color, Nicole y yo viajamos a la ciudad vecina de Vanadzor, donde nos encontramos con amigos de Peace Corps, Philip y John. Caritas, la organización madre de Emili Aregak, estaba realizando un festival de colores para recaudar fondos. Por dos dólares cada uno, los cuatro compramos una trifecta de polvos de colores y nos rociamos mutuamente y a los demás participantes generosamente.
Para nosotros, muchos otros y yo saltamos a la fuente de la plaza de la ciudad (al estilo de la famosa escena de la piscina de It´s a Wonderful Life).
Aunque hay muchos eventos emocionantes que ocurrieron durante el curso de cada semana, mis momentos más preciados son mis caminatas nocturnas con Armine. Observamos a la gente y nos reímos de la actitud hosca del vendedor de tsiran (duraznos). Bromeamos sobre shad aghamakott schuner (muchos perros ruidosos) y vat pohotsner (caminos en mal estado) y discrepamos amistosamente sobre uzhegh kami (me encanta el viento fuerte, a ella no).
Es un tiempo donde estoy increíblemente agradecida por la alegría que me brinda y la paciencia que tiene con mis bromas… que tardan mucho en contarse, ya que tropiezo con cada palabra. Pero algunos son breves y dulces, y clásicamente armenios, como nuestra conversación a las 10:30 pm esta noche.
“Du sovats es, Sarah jaa? [¿Tenes hambre, Sarah jaan?]
“Hima? Che.” [¿Ahora? No.]
“Yete du sovats es, ka hats.” [Si tenes hambre, hay pan.]
“Merci. Shat lavash.” [Un juego de palabras de shat lav (muy bien) y lavash (pan plano armenio en la foto de abajo).]